domingo, 6 de abril de 2008

Amén

Todo empezó de una forma bastante inocente. Empecé a pensar en fiestas muy de vez en cuando para romper el hielo. Inevitablemente, una cosa llevó a la otra y muy pronto empecé a ser algo más que “un filósofo de bar”.

Empecé a pensar a solas, para “relajarme”. Eso es lo que me decía a mi mismo, aunque en el fondo sabía que no era cierto. Pensar se volvía cada vez más y más importante para mi, hasta que llegué a un punto en el que pensaba continuamente y a todas horas.

Empecé a pensar en el trabajo. Yo sabía que pensar en el trabajo no es nada recomendable, pero no podía controlarme.

Evitaba a mis compañeros de trabajo a la hora del almuerzo para leer a Kafka y Thoreau. Después solía volver a la oficina, mareado y confuso, preguntando, “¿Qué estamos haciendo aquí? ¿Qué sentido tiene esto?.”

Las cosas tampoco iban demasiado bien en casa. Una tarde apagué la tele y le pregunté a mi mujer sobre el sentido de la vida. Esa noche ella se fué a dormir a casa de su madre.

Me forjé una reputación de pensador intenso. Un día mi jefe me llamó a su despacho. “ Me caes bien, y me duele decir esto, pero tu hábito de pensar se ha convertido en un problema serio. Si no dejas de pensar en el trabajo, tendrás que buscarte otro”. Esta conversación me dio mucho que pensar.

Volví pronto a casa después de la conversación con el jefe. “Cariño, ” Confesé, “He estado pensando…”

“Sé que has estado pensando.” dijo ella. “¡Por eso quiero el divorcio!.”

“Pero cariño, no es un problema tan serio.”

“Es muy serio” dijo ella temblándole el labio inferior. “Piensas tanto como los profesores de universidad, y los profesores de universidad no ganan un puto duro. Por lo tanto si sigues pensando tanto… ¡Nos quedaremos sin dinero!”

“Ese es un silogismo defectuoso” Dije alterado, y ella empezó a llorar. No podía soportarlo más. “¡Me voy a la biblioteca!” Grité con rabia mientras daba un portazo.

Me dirigía a la biblioteca con ganas de leer a Nietzsche. Aparqué dando un frenazo y corrí hasta las grandes puertas de cristal… No se abrieron. La biblioteca estaba cerrada.

A día de hoy, sigo creyendo que una fuerza superior estaba velando por mi esa noche.

Caía en la acera destrozado y sollozando, mis manos deslizándose por el frio cristal, suplicando unas palabras de Zaratustra, cuando un poster llamó mi atención: “¿Pensar demasiado está arruinando tu vida?”. Supongo que muchos reconocereis esa frase. Es la estandar de los posters de Pensadores Anónimos.

A los que debo ser lo que soy hoy en día: un pensador en rehabilitación. Nunca falto a ninguna reunión de PA. En cada reunión vemos películas no educacionales; la semana pasada sin ir más lejos vimos “Una rubia muy legal”. También compartimos experiencias y consejos sobre como conseguimos no pensar desde la anterior reunión.

Conservo mi trabajo y las cosas están mucho mejor ahora en casa. La vida es mucho más… fácil desde que dejé de pensar.

Es un texto sacado de otra página, y he de reconocer que me siento un poco identificado con el protagonista; aunque no deje de ser un texto de humor, también esconde una gran verdad, una visión "superficial" de las cosas te evita algún que otro quebradero de cabeza..

2 comentarios:

nacidoparasumar dijo...

Huyamos de los lugares comunes, Edu. Me refiero a esos lugares en los que hemos de cerecenar una parte de nosotros mismos a modo de fianza, con el ¿triste? propósito de "encajar" en algún sitio, como un rito iniciático simbolizando la "comunión" entre la sociedad y uno mismo. El resto de las personas y yo. No es una ecuación fácil.
Te recomiendo un libro titulado 'Cómo me convertí en un estúpido' de Martin Page. No es que sea un gran libro, pero trata el tema que expones desde un punto de vista humorístico. En él, el protagonista, desbordado por el tremendo abismo que existe entre su manera de ser y el resto de la sociedad a causa de su ansia de saberlo todo acerca de todo, decide lanzarse un órdago y convertirse en un estúpido para así poder 'encajar' mejor y, por descontado, ser más feliz. Su primer paso será escribir un manifiesto, del cual extraigo los siguientes fragmentos:
Quien acrecienta su ciencia, acrecienta su dolor. Ser curioso, querer comprender la naturaleza y a los hombres, descubrir las artes, a eso deberían tender todas las mentes. Pero, de ser así, dada la organización actual del trabajo, el mundo dejaría de girar, sencillamente porque ello requiere tiempo y desarrolla espíritu crítico. Aquellos que muestran interés por demasiadas cosas (...) lo pagan con cierta soledad. Para evitar el ostracismo, es preciso dotarse de una inteligencia que posea una función, que sea útil para una ciencia, una causa o una profesión; en una palabra, una inteligencia que sirva para algo. Mi supuesta inteligencia, demasiado independiente, no sirve para nada. Pesa sobre mí la maldición de la razón; soy pobre, soltero, estoy deprimido. Meses llevo meditando sobre esta enfermedad mía de meditar demasiado, y he determinado con absoluta certeza la correlación que existe entre mi desdicha y la incontinencia de mi razón. Pensar y procurar entender no sólo no me ha aportado nunca nada, sino que ha repercutido en mi contra. Meditar no es una operación natural, es algo que lastima. No logro detener mi cerebro, reducir su cadencia. Me siento como una locomotora, una vieja locomotora lanzada a toda velocidad, que no podrá detenerse nunca, porque el combustible que le proporciona su vertiginosa potencia, su carbón, es el mundo. Cuanto veo, siento u oigo se precipita en el horno de mi mente, la acelera y la hace funcionar a pleno rendimiento. Intentar comprender es un suicidio social. (...)
Espero no haberte aburrido, aunque me da en la nariz que no ha sido así. No te cuento el final del libro, así que si te interesa ya sabes... o mejor aún, dime tú cómo crees que será el final/solución para todas estas personas 'raras' e 'incomprendidas'. Un saludo.

Pliskin dijo...

Buenas, la verdad es que no conocía el libro y por lo que comentas tiene buena pinta, en cuánto a cuál es la solución no sabría decirte a ciencia cierta, pero en mi opinión, todo tiene un equilibrio, el pensar y el aprender también implica el buscar esa armonía; existe una diferencia entre aprender por el hecho de aparentar y aprender por y para uno mismo; si uno aprende por el hecho de aparentar sentirá un vacío cuando se dé cuenta de que a la gente le importan poco esos temas, en favor de otros lo suficientemente banales (a veces, ni eso) que le hará tirar la toalla, es inútil esta labor ; el que aprende por y para sí mismo habrá ganado mucho, es obvio que se llevará las manos a la cabeza y se sentirá incomprendido en ocasiones, pero no tirará la toalla porque no lo hace por los demás, lo hace por sí mismo y si es algo que no hace daño a nadie, ¿por qué es necesario adoptar cierta postura complaciente con sectores borreguistas?... si lo hiciera se estaría engañando a sí mismo, no es cuestión de compararse a los demás, e intentar asemejarse, es cuestión de creer que se hace lo correcto. Ahora bien, tanto la novela como la entrada del blog tratan desde un punto extremo esta temática, y los extremos nunca son buenos, se trata de encontrar una armonía, no se trata de encajar plenamente, lo cual es imposible, y es un error, pero sí de buscar ciertos puntos en común, y eso implica discernir de puertas para afuera (la persona desde un punto de vista social) y de puertas para adentro ( desde un punto de vista personal)los cuales no veo que estén del todo reñidos.

Un saludo.